Textos olvidados

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Cosmogonía gaucha, por Carlos Astrada

Carlos Astrada es uno de los pocos filósofos que ha generado la historia argentina. Lo mismo que Alejandro Korn o Rodolfo Kusch, su destino actual es el olvido. Autor de numerosas obras de relevancia, como Hegel y el presente (1931); Nietzsche. Profeta de una edad trágica (1945); Goethe y el panteísmo spinoziano (1933). En 1948 publica el Mito Gaucho. Obra de especulación filosófica respecto al hombre argentino, la geografía pampeana, y la metafísica del gaucho.

Saint Exupéry, el piloto y la tormenta

 Saint Exupéry: el que voló en las alturas del cielo físico y sobre las cumbres de la imaginación literaria. Piloto de la poesía y el firmamento. En 1931, junto con otros pilotos franceses, inicia la aeronavegación comercial en Argentina. Realizó numerosos vuelos sobre las inmensidades de la Patagonia. En uno de ellos, su avión se adentró en el gaseoso y negro cuerpo de un ciclón. Dentro de la gran tormenta, el piloto escritor experimentó un secreto. El secreto de la atmósfera furiosa.

La piedra muerta, por Ricardo Rojas

 En la localidad de Tandil, en la provincia argentina de Buenos Aires, hasta comienzos del siglo veinte, existió una piedra muy singular. Un roca que misteriosamente oscilaba sobre un despeñadero. Y que parecía que se hallaba a punto de precipitarse cuesta bajo. Sin embargo, de manera misteriosa, la piedra se mantenía en mágico equilibrio. Esta rareza de la naturaleza atrajo durante mucho tiempo a miles de curiosos visitantes.

La ventana abierta, por Héctor Hugh Munro (Saki) (presentación Karin Arcuschin)


  Hector Hugh Munro (1870-1916), que habría de tomar del Rubayat de Omar Kayyham el seudónimo literario de Saki, nació en Birmania, hijo de un funcionario inglés.

A la muerte de su madre, la educación desde la edad de dos años estuvo a cargo de unas rigurosas tías que vivían en Inglaterra. Viajó ampliamente por la Europa continental en compañía de su padre y fue designado para un cargo en Birmania, pero debió regresar a Londres por los efectos que el clima asiático tenía en su salud.

Comenzó a escribir como corresponsal en los Balcanes y en París. Simultáneamente empezó a componer cuentos que le darían su fama: en 1904 publicó Reginald, primera compilación de estos relatos, a la que siguieron Reginald en Rusia (1910), Las crónicas de Clovis (1912) y Bestias y superbestias (1914).

Se alistó como voluntario cuando estalló la Primera Guerra Mundial y murió combatiendo en las trincheras de Francia.

Mis amigos, por Emmanuel Bove (presentación Marcelo Colombini)


EMMANUEL BOVE: MIS AMIGOS O LA NUEVA NARRATIVA

 Presentación Marcelo Colombini

Prima en mi mirada la bendición de la duda. (1)
Solo la pura violencia es muda. (2)