Textos olvidados

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Manifiestos de Hundertwasser

Hundertwasser (su verdadero nombre era Friedrich Stowasser) nació en Viena, en 1928. Murió en el año 2000. Siguiendo su voluntad, fue enterrado sin un féretro destinado a separarlo de lo tierra. Sobre el suelo de su sepultura, se plantó un árbol. Según su creencia, ahora vive en el árbol que crece sobre el lugar de su regreso a la Gran Madre. Hundertwasser desarrolló su arte en dos dimensiones fundamentales: la pintura y la arquitectura.

William Blake, por Vicente Fatone (presentación por Ezequiel Ludueña)

Vicente Fatone (1903-1962) es tal vez el pensador más auténtico que haya dado la Argentina. Su trayectoria –como la de Cansinos Assens- fue la de un "divino fracaso". (Tal vez a propósito, en El hombre y Dios, se permitió recordar –casi a propósito- esta frase del deán Inge: "Nada fracasa tanto como el éxito").

Irlanda, isla de sabios y santos, por James Joyce

Joyce fue obrero de una épica creadora. Sus obras esenciales, el Ulises y el Finnegan's wake, son monumentos del esfuerzo creador. En el Ulises, el mito homérico regresa e invade el tiempo moderno de un día en la existencia de Dublín. El tiempo ya no es mecánico o indiferente devenir; ahora se convierte en ricas selvas de símbolos y en el camino del Sthepen Bloom que vuelve a una patria perdida. En el Finnegan's wake el gigantismo creativo joyciano se manifiesta como recreación profunda del lenguaje.

Mi visión del universo, por Albert Einstein

Einstein revolucionó la física del siglo XX. Con Newton el espacio y tiempo eran factores inalterables y universales. Existía un solo continuo espacio-temporal. El célebre pensador de los pelos encrespados introducirá la relatividad, la variación de la medida de la magnitud temporal según la posición y el movimiento de un observador en un sistema determinado de referencia. Pero la genial innovación científica de Einstein a veces hace olvidar su condición de humanista.

Monsieur Lautrec, por Julio Cortázar

Julio Cortázar, el escritor argentino, percibió la realidad como dimensiones paralelas o simultáneas. No existe un solo espacio y tiempo. Lo real es una red desplegada de muchos tiempos y espacios paralelos.

Los signos en rotación, por Octavio Paz

En los comienzos, en las culturas antiguas, la poesía era palabra mágica. Puente vibratorio entre los humanos y los dioses, entre los humanos y los animales y las rocas, los árboles, los desiertos y los mares. En el comienzo la poesía era religión, reunión del hombre y la amplitud inalcanzable del cosmos. Pero la poesía posee una historia, no es sólo un alado poder atemporal. Durante su periplo histórico cada cultura le otorga al poema un nuevo destino. En la modernidad, la poesía se piensa así misma.

"Mi delirio en el Chimborazo" "Mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia", por Simón Bolívar

Las grandes personalidades geniales son complejas. Esta complejidad contribuye a su poco conocimiento. Bolívar es reducido habitualmente a la figura del fogoso libertador, del hábil estratega militar, al Bolívar del no entendimiento con San Martín en la célebre entrevista de Guayaquil. Pero Bolívar fue también, y acaso esencialmente, más allá de algunos de sus posibles defectos personales, un estadista.

El suicidio del heroico Ayax, por Jean Starobinski

EL SUICIDIO DEL HEROICO AYAX (*)

Por Jean Starobinski

 

El simbolismo religioso y la valorización de la angustia, por Mircea Eliade

El Occidente, la Muerte es vacío definitivo, disolución sin continuidad. A pesar de las creencias muchas veces pregonadas en un más allá de índole cristiana, en la atmósfera mental occidental predomina la certeza de que la muerte es una noche o sueño inapelable, al que no le sigue ningún nuevo despertar. La mortalidad es así fuente de angustia. La imposibilidad de un salto desde la vida en el tiempo hacia una dimensión otra de eternidad se asocia a su vez con una absolutización de la historia.

El cuaderno de las tapas azules, por Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal es un fundamental escritor, no siempre suficientemente estimado. Nació en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Almagro, el 11 de junio de 1900. Su padre era mecánico; su universo eran las destrezas manuales y no las sutilezas literarias. En Maipú, al sur de la provincia de Buenos Aires, se encontraba parte de su familia. Marechal frecuentó aquellos parajes campestres por diez años.