Deseo de Gloria, poema por Esteban Ierardo

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Sir Galahad, caballero buscador de la gloria del Grial, en pintura de 1862 por George Frederick WattsDESEO DE GLORIA
Poema por Esteban Ierardo

 

  ¿Dónde encontraré la gloria?
 ¿La encontraré cuando camino entre castillos destruidos
 o al esquivar
 puñales de hielo
 en este tiempo de valles congelados?
 ¿Encontraré lo glorioso 
  en esta era sin fuego
  ni altares
  de dioses de vino y ensueño?
  Y mientras dura mi incertidumbre 
  invito a la luna
  a fulgurar en mis cabellos
 con sus rayos de plata;
 a la mujer la acaricio, penetro y venero
 para que en la tierra siembre
 campanadas fértiles;
 al cóndor le imploro que grite
 algo noble entre los vientos;
 a los cristales de los altos edificios
 les propongo que celebren la risa del sol;
 al pez le pido que guíe
 mi deseo del brillo digno
 hasta los lechos profundos;
 y la luna, la mujer, el cóndor, los cristales y el pez me contestan,
 pero, aun así,
 no encuentro molinos de aspas gloriosas en mí;
 no relampaguean
 cáliz sublimes
 en mi garganta
 lastimada de sequedad.
 Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria?
 Recorro el océano de rizos de agua
 y algo glorioso encuentro;
 observo el lento y tierno bosque de caricias
 de la madre sobre el hijo,
 y algo glorioso descubro;
 me acerco a las manos de amor del niño
 sobre la piel del animal,
 y algo glorioso encuentro;
 contemplo las alas del ave
 que derraman
 lavas de dicha
 en cimas celestes,
 y algo glorioso descubro;
 pero en mi historia y mi oxígeno,
 en mis ojos de volcanes rugientes
 aun no descubro
 el calor y vértigo glorioso.
 Entonces, dime, dime: ¿dónde encontraré la gloria?
 ¿Cómo podré encontrarla entre la pasión asesinada,
  entre la belleza castigada,
 y la poesía asfixiada?
 ¿Cómo podré encontrarla en  la selva 
  urbana y superficial
 donde no se bebe 
 el licor del rayo
 ni los los jugos de la diosa
 del bosque profundo? 
 ¿Cómo haré para ser
 cascada gloriosa
 en el pozo
 de los mercaderes y frívolos?
 Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria?
 ¿Dónde, dónde me bañaré en sangre de dragones?
 ¿Dónde renaceré en el vientre de una antigua diosa?
 ¿Dónde descubriré las armaduras
  que reflejen los cielos
 del vuelo libre del halcón?
  ¿Dónde descubriré
 el relámpago
 que me conceda
 voz de trueno
 para invocar
 a las musas
 de la poesía
 sagrada?
 ¿Dónde está la gloria?
 ¿Dónde podré encontrarla?
 Sólo en los libros
 de fatigada historia
 hallo las batallas
 donde defender la honra.
   Pero ahora ya no tengo
  la espada
  ni el yelmo de alas terribles;
  no tengo caballo
  ni el combate de la estampida heroica;
  no tengo la bendición
  de una bandera de colores fogosos
  ni el beso de la princesa
  de bellos huertos en sus senos
  y de cristales de agua tersa en sus ojos.
 Sólo tengo en las espaldas
 puñales de angustia
 y el raro destino de venerar
 aun, solitario,
 el fuego y la nube.
 Dime, dime entonces: ¿dónde encontraré la gloria?
  No sé dónde encontrarte.
 Pero, ten por seguro
 que te buscaré
 aun entre las calles que ignoran la rareza de mis plumas;
 aun dentro de la tumba del Quijote derrotado;
 te buscaré
 entre los cementerios
 de árboles y estandartes.
 Porque sé que
 en alguna repentina tormenta futura
 mi corazón
 al fin lo devorará
  la diosa.
 Que enciende de fuegos claros
 la mañana.
Que
 gloriosa
 siempre
vuelve.
 Vuelve.
 A pesar de la niebla fría.