La cosmovisión guaraní, por Girala Yampey

 Girala Yampey nació en Paraguay, en 1923. Está radicado en la ciudad de Corrientes, en la República Argentina. Ha editado numerosos libros de poemas, narrativa y ensayo. De sus esfuerzos de investigación surgió su estudio sobre El gaucho Lega, un emblemático personaje correntino envuelto en un halo de leyenda. Aquí presentamos un momento de su destacada obra Las antiguas costumbre guaraníes, editado por la Universidad Nacional de Noreste, Argentina (otra obra de Yampey sobre esta temática es Mitos y leyendas guaraníes). Aquí, Yampey imagina un diálogo entre un abuelo y su nieto. Mediante esta emocional y coloquial comunicación, el honbre maduro transmite a su descendencia las ancestrales creencias de su pueblo. En Textos sobre Mitología, simbolismo y religión de Temakel, presentamos un capítulo relacionado con la transmisión de la cosmovisión guaraní. Tras la recreación de la imagen de realidad guaraní presedida por su divinidad, Ñanderuguasu, bulle, como lo destaca su autor, "el propósito de mostrar, en lenguaje sencillo y coloquial, lo que han averiguado los arandu (sabios), que estudiaron en fuentes genuinas las creencias y costumbre de los antiguos guaraníes. O, por lo menos, hacer un muestrario, buscando alguna forma de atenurar el menosprecio en que se los tiene".

A ese espíritu de recuperación de la profunda e imaginativa visión del mundo guaraní contribuimos ahora mediante las líneas de Girala Yampei que laten a continuación.

E.I

 

 

LA COSMOVISION GUARANÍ (*)

Por Girala Yampey

girayam@yahoo.com.ar  

El orden El abuelo, dejó su pipa sobre un leño y prosiguió:

Te contaré desde el principio, hijo. Primero te explicaré el pensamiento religioso guaraní. Antes de crearse la tierra, sólo existían las tinieblas habitadas por mbopi (murciélago), seres malignos apiñados en cosntantes peleas entre sí por devorar el resplandor de Ñanderuguasu (Nuestro Gran Padre). Ellos son los eternos enemigos de la luz. Hasta hoy, adoran la oscuridad y quieren destrozar a Sol y Luna, pero nuestro Padre los sujeta impidiendo la destrucción del mundo. Los murciélagos simbolizan la barbarie y el atraso. Podrían causar el Mba'e-megua guasu (cataclismo), el fin de la tierra. Desde las negruras primigenias, emergió Ñanderuguasu, llamado también: Ñanderu pa-patenonde (Nuestro Gran Padre último-primero) o  Ñanderu ete tenonde (Nuestro verdadero Padre Primero) Él ya existía en medio de los vientos originales, esos que retornan cada vez que llega el tiempo-espacio primario (invierno). A su término, florecen los tajy (lapachos), vuelve el tiempo-espacio nuevo, con viento renovadores y se produce el Kandire terrenal (resurrección).

  Con su divina sabiduría, Ñanderuguasu, creó para su cuerpo una forma que serviría de modelo para la naturaleza. Se afirmó sobre sus Raíces (las divinas plantas de los pies), extendió sus Ramas (brazos con manos florecidas-dedos y uñas), construyó su Copa (diadema de flores y plumas- Jeguaka) y se irguió como árbol, en postura de elevación celestial, como debe permanecer todo lo divino. Con el reflejo de su divina sabiduría ideó los órganos para verlo todo (ojos) y para escucharlo todo (oídos). Después, creó la Vara Insignia, emblema del que fluye su poder de creación, y construyó el apyka'i apu'a (pequeño asistente redondo), portador del alma del recién nacido. Su divina Vara Insignia, engendra llamas que dan fervor a los corazones, genera la tenua neblinita que modela las pasiones y otorga fuerza a los sentimientos.

  Vino como Guía el Urukure'a (lechuza), dueño de la noche que, con sus aleteos, formaba lecho de las tinieblas, para descanso de nuestro padre. El mainumby (colobrí), revolotea alrededor del Jeguaka y, batiendo sus alas, refresca la divina frente dándole, en su propia boca, el yvoty'ry (néctar) que liba de las flores de la diadema. En su mensajero. Se lo llama "lanza-relámpagos", aunque sus llamas no queman ni dañan, al contrario, sus luces vibran emocionadas por ser portadoras de buenas que envían nuestro Padre.

Terminada la creación de su propio cuerpo, una luz radiante resplandeció en su pecho. Lo había alumbrado desde las tinieblas originales. Con ella, había puesto límite a los ataques de los muerciélagos. Esa es la luz que da vida a nuestro mundo. El Gran Padre Primero, existe por estar iluminado por su propia sabiduría. Al erguirse, asumió la forma que daría al ava (ser humano). Con su poder creador, concibió el futuro lenguaje humano, y dio Alma a la palabra, para trasmitir su esencia a sus futuros hijos. Concibió los fundamentos del sentimiento y creó una nueva pequeña porción de amor hacia Él, y de los hombres hacia sus semejantes. Lenguaje y Amor que debían desarrollar sus hijos.

  Hechas estas obras, Ñanderuguasu se sintió solo. Alguna vez, todos llegamos a sentirnos en soledad y necesitamos compartir nuestras esperanzas, alegrías y tristezas. Él se encontró sin compañía en la inmensidad del Cosmos, antes de que existiera la tierra. Con el Jasuka (Vara Insignia, mágica), había creado: el fundamento del lenguaje, un trozo de Himno sagrado, y una porción de Amor al prójimo. En su profunda reflexión sobre la soledad, tuvo la idea de crear a quienes compartirían sus poderes y desplegando su sabiduría, creó a tres Seres para sus compañeros, los Ñanderu py'a guasu (Nuestros Padres de corazón grande), a quienes les otorgó mandatos divinos. Así, surgieron: Nanderu Karai, dueño del fuego y del fervor, cuidador del crepitar de las llamas, Ñanderu Jaraíra, dueño del tiempo, de la primavera y de la neblina vivificadora, Ñanderu Tupa, dueño de las aguas, de las lluvias y del trueno. Los tres compañeros del Gran Padre, con sus respectivas esposas, fueron creados sin ombligos, por no ser engendrados por su mujer, antes de que existieran las cosas ni la tierra. Les impartió conciencia de su divinidad y la esencia divina de la Palabra. Todos se inspiraron en su sabiduría. Entonces, concibió la futura morada terrenal. Cruzó dos varas indestructibles y pisó sobre ambos. La tierra se hinchó. Cuando Él lo decida, retirará esas varas y la tierra se desplomará. Después, trajo el agua y formó los ríos. El rocío brotó del Jasuka para la perfecta maduración de los frutos y para serenar las pasiones de sus futuros hijos.

  Esta es la forma en que fue creada la tierra, según nuestras creencias. Asi surgió nuestra primera morada terrenal. Ñanderuguasu, quiso asegurarla para que los vientos primigenios no lo moviesen, y colocó en medio de ella un Pindó sagrado. Sería el ombligo de la tierra. Luego, puso otros cuatro en los costados. Una hacia la morada de Ñanderu Karai (al Poniente, donde se acuesta el sol), la segunda hacia el origen de los vientos nuevos (los de primavera, al norte), la tercera hacia la morada de Ñanderi Tupa (al Oriente, donde se levanta el sol), y la cuarta hacia el origen del tiempo-espacio primigenio (al sur, desde donde viene los vientos originarios, fríos) Nuestra morada está atada a ellas. El firmamento, descansa sobre esas columnas que son Varas Insignias.

  Cuando la tierra comenzó a poblarse, el primero en ensuciarla fue mbói (víbora), el primero que cantó en la morada terrenal fue yrypa (cigarra), ahora se le dice ñakyra, el primero en depositar desde su abdomen las semillas de kapi'i (pasto), para que se formen los campos, fue tukúra (langosta), el primero en festejar el verdor de los valles fue ynambu pyta (perdiz colorada), el primero en remover la tierra fue tatu (armadillo). Así, aparecieron los animales y las aves. Los que conocemos ahora, no son los originales, son imágenes de aquellos que se encuentran en las afueras del Yvága (Edén), lugar de árboles frutales. Allí es donde están los verdaderos, creados por nuestro Padre. Eso fue en aquel tiempo, cuando existía el yvy tenonde (tierra primera), destruida por un Diluvio. Sus habitantes están en la Morada Celestial. Los que pronunciaron los Himnos sagrados en nuena forma, los que poseyeron entendimiento y alcanzaron el Aguyje, están en el Yvága, el yvymara'ey (la Tierra sin males). Los que fueron impuros, los que carecieron de entendimiento, los que inspiraron mal sus conciencias y trasgredieron la Sagrada Palabra-alma, se convirtieron en pájaros y animales que están alrededor del Yvága, la Morada Eterna. Los que conocemos en éste yvy pyahu (tierra nueva), son copias de los están allá.

  Los Himnos Sagrados dicen que Ñanderuguasu, se encontró con Ñanderu Mba'ekua'a (Nuestro Padre habilidoso) y le dijo: -Encontremos a la mujer. Mba'ekua'a responde: - ¿Dónde?. Ñanderuguasu, hizo un japepo (olla de barro) y lo tapó: -Busca a la mujer en la vasija. Así lo hizo Mba'ekua'a. Ella es Ñandesy (Nuestra Madre), y engendró mellizos. Mba'ekua'a no quizo mezclar su semen con el Gran Padre, y lo puso aparte.

  Nañdereguasu, construyó la primera casa, sembró la primera chacra y pidió a Ñandesy que fuera a traer avatiky (choclo). Ella le constestó: "Apenas sembraste y ya quieres que busque maíz. Yo no tengo tu hijo en mi vientre, tengo el de Mba'ekua'a", y se marchó hacia la capuera. Fastidiado, Ñanderuguasu, porque su esposa descreía de sus poderes, tomó sus collares, la Vara Insignia y,  colocando el Jeguaka (Diadema), se fue a su Morada Celestial. Los mellizos se llamaron Ñanderyke'y (hermano mayor) y Tyvra'i (hermano menor). La madre, fue devorada por los jaguares antes de que nacieran. Ellos no, por ser de origen divino. Fueron criados por la abuela de los jaguares.

  Ñanderyke'y, es hijo de Ñanderuguasu, y Tyvyra'i el de Mba'ekua'a. El primero es más inteligente. Revivió al hermano menor, soplándole la coronilla, aunque también el Menor tiene poderes mágicos. Posteriormente, los mellizos se convirtieron en Sol y Luna. Ahora son Ñanderu Kuarahy y Ñanderu Jasy. Los Mellizos desarrollaron diversas andanzas que se relacionan con nuestro pasado.

  Ñanderuguasu, reposa en el Yvága, cuya entrada esta vigilada por una enorme vívora constructora y el urukure'a. El colobrí lo asiste con sus danzas y el jaguaretre hovy (jaguar azul), descansa debajo de su hamaca. Dicen que un día vendrá a devorar a los mentirosos y ladrones.

  Ñandesy vuelve de la chacra y descubre que el esposo se había marchado. Decide seguirlo. En el trayecto, Ñanderye'y, que le va indicando el camino desde la panza, le pide que le arranque una flor. La Madre lo complace y palmea su matriz. El hijo pide otra flor. Al pretender tomarla, es picada por una avispa, y fastidiada, lo amonesta: "Aún no saliste de mi panza y ya molestas". El hijo guarda silencio. Más adelante, encuentra dos palos cruzados que dejó Ñanderuguasu para confundir la ruta, y pregunta a su hijo cuál es el camino seguido por el Padre, por Ñanderyke'y, queda callado. La madre debió escoger. Eligió una ruta equivocada que la lleva a la aldea de los jaguares. Todos habían ido a caza, la abuela se encontraba sola y le advierte que sus nietos eran muy terribles. Debía ocultarse para evitar que la devoraran. Cuando vuelven los jaguares, uno la olfatea y lo mata descubriendo que tenía mellizos. La abuela, que ya tenía los dientes flojos, quiere comer la carne de los nonatos y ordena que los descuarticen pero fue imposible quebrarlos, entonces manda que los hiervan y el agua se enfriaba enseguida. Los ponen en el fuego y no se asaban. La Abuela se dio cuenta de que eran de origen divino y decide criarlos. Los mellizos crecen rápidamente. Mientras cazaban pájaros, un jaku (pavo de monte), herido por ellos, les cuenta que los jaguares fueron los que mataron a su madre y un gua'a (guacamayo) lo confirma. Al descubrir el triste destino de Ñandesy, lloraron los mellizos y decidieron vengarla. Encontraron los huesos dispersos en el lugar que les indicaron los pájaros y quisieron argasmarlos para revivirla. Cuando la obra estaba casi terminada, Tyvyra'i, quisio mamar. Su apresuramiento lo echó a perder todo. El esqueleto se desarmó. No pudieron revivirla. Ocultaron sus lágrimas, lavándose en un arroyo, y deciden marchar en busca del Padre. Para consolar al hermanito, que lloraba por la pérdida de la Madre, Ñanderyke'y, hizo el yvapuru. Al probar su fruto, Tyvyra'i lo encontró de piel muy gruesa. Le hizo el guavira, pero le pareció ácida. Entonces, le hiz guaviju. Esa fruta sí la encontró dulde. Luego, hizo otros árboles frutales.

  Los mellizos siguieron matando pájaros. Durante esas andanzas, inventaron la forma de armar una trampa. Algunos jaguares que pasaban se reían de lo que consideraba un juguete. Ellos les desafiaron a probarlo y cazaron a varios jaguares que fueron arrojados al abismo. Entonces, se tendieron una cuerda sobre el río cuyas orillas se acercaban  y se alejaban en constantes vaivenes. Ese el río inundado de sueños que transporta todos los silencios y repite los cantos de la selva. En un denso Río, turbulento de pasiones. Sus orillas se recogen y desbordan, perennemente, buscando alcanzarse, como se buscan y se alejan la alegría y la tristeza, la vida y la muerte. Para cruzarlo, se necesita una sólida cuerda, sostenida por un corazón puro, sereno y valiente. Es el cauce que trae y lleva la sinfonía de la vida.

  Los mellizos armaron una maroma sobre el río, para engañar a los jaguares y exterminarlos. Los echaron a la voracidad de los monstruos del agua. Prometieron a los jaguares abundantes guavira si cruzaban a la orilla opuesta, colgados de la cuerda tendida allí. Tyyra'i la agitaría en el momento oportuno para arrojarlos al agua. Nuevamente el apresuramiento del hermano menor hizo fracasar el intento, pues pegó el sacudón antes de tiempo y una jaguar preñada se salvó de la matanza y reinició la población de los malos.

  Siguiendo el camino que pudiera llevarlos ante el padre, se encontraron con el tío Aña, quien mata a uno de los mellizos. Sin embargo, el otro lo rescata y lo revive. Luego, consiguen engañar al Aña mediante una artimaña. Prometen hacerle un Jeguaka, para lo cual preparan una pomada con uruku (Bixia) y ky'ýi (ají), rapándole la cabellera y embadurnándolo con el unguento. Al roto de exponerlo al sol, el Aña salió corriendo, sin poder soportar el ardor. Su cabeza estalló y de sus sesos se formaron miles de jejenes y mosquitos. Las dos hijas, fueron poseídas por los Mellizos y sufrieron parecida suerte. Los Gemelos incendiaron el pastizal y tuvieron que salir corriendo. Sus largas cabelleras ardieron, explotaron sus cabezas y aparecieron abundantes sapos y ranas que se comieron los jejenes y mosquitos, controlando que no fueran excesivos.

  Los Mellizos prosiguieron la búsqeda del Padre hasta llegar donde están los cuervos cuidadores del fuego. Deciden obtener ese indispensable elemento. Con ese objetivo, consiguieron la ayuda de un sapo. Ñanderyke' finge estar muerto y cuando los cuervos ven su cuerpo hinchándose, deciden traer el fuego para asarlo. En el momento oportuno, el Mellizo se levanta y se sacude violentamente lanzando los encendidos carbones a su alrededor. El sapo aprovecha para tragar algunas ascuas. Ñanderyke'y recuperó el fuego y lo guardó dentro del aju'y (laurel), el kurupa'y, y otros árboles. Cada vez que se necesita, se hace girar con velocidad una varilla de ysypo kururru (liana del sapo), sobre un trozo seco de laurel, y otro de los árboles y se iniciara el fuego.

  Finalmente, Ñanderyke'y y Tyvyra'i, llegan a la morada del Padre. Allí ya estaba Ñandesy, revivida por su esposo. Los Mellizos son bienvenidos. La madre llora en el reencuentro. El Padre les otorga poderes divinos, convirtiéndolos en Ñanderu Kuarahy y Ñanderu Jasy (Nuestro padre Sol y Nuestro Padre Luna).

  Todo eso ocurrió antes del Diluvio que destruyó la primera tierra. Primero se produjo un inmenso incendio que venía asolando desde el Oeste. Quemaba todo a su paso, avanzaba ocultando el poniente. Entonces, llegó el Diluvio, días interminables de intensas lluvias, hasta que las aguas cubrieron toda la tierra y tapó todo lo existente, ahogando a la mayoría de los habitantes. Sólo se salvaron los elegidos por nuestro Gran Padre. Algunos dicen que una pareja salvaron los elegidos por nuestro Gran padre. Algunos dicen que una pareja guaraní se salvó porque, por indicación de un Ñanderu, trepó a un Pindó. A medida que crecían las aguas, también crecía el Pindó. Se alimentaron de sus frutos y se acostaron sobre sus hojas, hasta que cesó la lluvia y las aguas retornaron a sus niveles normales. Es la pareja que originó la nueva estirpe guaraní. Destruida la tierra por el Mba'e-megua guasu (Diluvio), Ñanderuguasu, dijo a Ñanderu Karai que viniera a reconstruir la morada terrenal, pero éste no quiso hacerlo porque estaba seguro de que los hombres se pervertirían de nuevo, y otra vez, la ira del Gran padre, la destruiría.

  Por lo tanto, la misión fue encomendada a Ñanderu Jakaíra, quien dijo que si bien la tierra ya tenía presagios de infortunios para sus futuros habitantes, él estaba dispuesto a reconstruirla. Para ayudar a sus hijos, esparciría sobre ellos una neblina vivificante y los iluminaría con mansos relámpagos sin truenos. También otorgaría a sus hijos el uso del tabaco para que pudieran defenderse fumando en el "esqueleto del humo" (Pipa), y pudieran comunicarse con ellos. Así se reconstruyó la nueva morada terrenal, ésta, en la que vivimos actualmente, que es la segunda tierra. Los Cantos Sagrados dicen que vendrá una tercera reconstrucción y que será sin imperfecciones pero, aún sin suceder tal cosa, podemos acceder al yvymara'ey, si todos observamos un comportamiento libre del maldades. Em aquella mítica tierra no existiría ningún castigo. No se destruiría nada, el hombre no se envilecería. No habría ya lamentos ni desventuras. Todos viviríamos en el equilibrio del amor.

  A la Tierra Sin Males, que encontraremos cuando llegue la hora de nuestra muerte, podemos hacerla realidad aquí mismo, en nuestra morada terrenal. Aquí, donde estamos viviendo, podemos constrruir la hermandad, la solidaridad y la felicidad, con paz y justicia, si escuchamos la voz de nuestro Padre Primero, entonamos los Cantos Sagrados y danzamos el jeroky-paje (danza mágica).

  Por el ayuno, el sonar del mimby (flauta dulce), la maráka (sonaja) y los tustus del takuapu (tacuara de danzas), durante los bailes rituales, se consigue la levedad necesaria en nuestros cuerpos. Entonces, nuestros espíritus pueden alcanzar Aguyje (pureza, santidad) y lograrán elevarse, purificados mediante los Himnos Sagrados. Así, sublimados, estaremos en condiciones de comprender el Amor concebido por Ñanderuguasu.

 - Abuelo, cuéntame cómo se formaron los primeros sonidos del idioma.

 - Tengo entendido que, al principio, emitíamos solamente gruñidos. Al nacer, heredamos la capacidad de reproducir los ruidos escuchados. Se atropellan en la garganta, confundidos aún, hasta que, al amparo del Alma Celestial, devienen en la formación de palabras, se dignifican y adquieren lucidez, toman resonancia espiritual. Primero, el ave aprende a modular sonidos, copiando los que se producen en su entorno natural y, de balbuceo en balbuceo, uniendo fonemas, llega a construir las palabras, que adquieren esplendor cuando recibe la creada por Ñanderuguasu, un acontecer del ayvu (alma), de nuestra interioridad, sonidos que salen de nosotros mismos, con inteligencia y en orden. La palabra es nuestro aliento, nuestra intimidad, prolonga al exterior, hacia nuestros semejantes. Es como el torrente de un río interior que sale del cuerpo hacia los demás y expresa nuestro estado de ánimo, nuestros pensamientos, nuestras tristezas y alegrías.

  Las pusalciones de nuestra sangre armonizan el rirmo de los sonidos y se hace música y canto. Nuestras danzas y nuestra música, son de construcciones sencillas y naturales, porque así es la naturaleza y nosotros nos identificamos con su vigor, copiamos de la onomatopeya, de lo sentido y oído. Nuestros cantos y nuestras danzas, traducen en sus ritmos la pulsación de nuestra sangre, con los impulsos que nos dan la selvas, los pájaros, los ríos y todos los habitantes de los bosques. Yo me río de la música de los invasores, sobre todo de la actual, que llaman moderna. Es de un ritmo apresurado y nervioso, una estridencia que enferma. No es como nuestra música, mesurada y serena. Quizás, como ellos dicen, la nuestra sea primitiva, pero tenemos cualidades diferentes que tal vez no tengan en cuenta. La nuestra es más equilibrada y está en concordancia con la naturaleza. Cuando ellos bailan, se agitan en convulsiones neurasténicas, al parecer tienen miedo miedo y espanto. ¿Estarán volviéndose locos?

- Y, el cuelo, Abuelo. ¿Cómo es el Cielo? Ñanderuguasu, ¿está allí?

- El Yvága nuestro se parecería al cielo de los cristianos, pues su nombre significa lugar de frutas, es decir un Edén, como el del cristiano. Allí es donde descansa Ñanderuguasu. Está acostado en su kyha (hamaca), es mejor decir keha. El colibrí revolotea su danza a su alrededor y refresca su frente con aleteos dándole de beber rocío y néctar recogido de su propio Jeguaka. El Jaguar Azul está echado debajo de Él. La lechuza vigila a su lado. En la entrada se enrosca una enorme boa constrictora, inmóvil pero celosa cuidadora. Ñanderuguasu, frena los ímpetu del jaguarete hovy, que quiere abalanzarse sobre el mundo para devorar a los malos y mentirosos. También mantiene a raya a los muerciélagos que quieren devorar a Sol, Luna y todo lo que sea luz. Como dicen los cristianos, Dios está en todo lugar y momento. Nos mira desde el Cielo, debe ser así nomás, pues Ñanderuguasu es igual. Creo que ambos son uno solo. Seguramente hay un solo Dios, para todos los hombres del Universo. Las religiones pretender dar respuestas a las angustias de los hombres. Nosotros debemos construir nuestra propia felicidad. Muchas veces, nos volvemos violentos y agresivos. Debemos moderar nuestros impulsos, los corazones se endurecen cuando no están en contacto con la naturaleza y parecen perder la voluntad de encontrar la manera divina de definir el verdadero sentido de la vida.

  Calló un momento el Paje. Luego, continuó hablando pausadamente:

- He escuchado a muchos Paje de nuestra estirpe y he conversado con los Pa'i  cristianos. Presté atención a los dichos de los arandu (sabios) extranjeros. Ellos saben muchas cosas sobre este asunto. Todos hablan muy bien y escriben hermosas palabras sonbre el Unico Dios que maneja el Universo, aunque cada cual se pregunta íntimamente sobre cómo sería. Me doy cuenta de que ninguno tiene total seguridad. Al menos, yo lo entiendo así. Tienen sus dudas...hay palabras evasivas...hay silencios y, tras las rotundas afirmaciones, quedan escondidos, algunos interrogantes. No hablan con voz firme y segura. Solamente explican, cada uno a su manera, sobre la Fe, el Gran Dogma, la creencia en un solo Dios, Fuerza Superior o Voluntad Divina, omnipresente y todopoderosa, creadora de todo lo existente. Algunos exponen sus razones con tanta vehemencia y convicción que son verdaderamente creíbles. Sus fervores son profundos, pura bondad de espíritus que nos brindan el mejor de los alientos para seguir manteniendo nuestras esperanzas y firmeza en la conmiseración y piedad hacia nuestros semejantes. Parece ser que el hombre es apenas un destello fugaz, una nebulosa posibilidad de Ser algo en el universo.

 -Pero, Abuelo, ¿por qué pensar de ese modo?

- Lo que tengo por seguro, hijo, es que estamos viviendo y que la vida es bella, a pesar de las desventuras que nos toca vivir ahora. Creo que la existencia fluye y florece, gracias a Ñanderuguasu. Es Él, el que genera y envía la Palabra-Alma para darnos su aliento y seguirá dandonos la savia y el vigor que nos permiten transitar por esta Hermosa Senda que los hombres, por necedad, ensucian y llenan de iniquidades. Yo creo en un Ser Superior. Creer gratifica mi espíritu, lo eleva. Fortalece mi esperanza. Yo soy porque creo, y creo porque tengo elevados sentimientos que me constriñen a creer, porque necesito creer, porque quiero creer, como mando el Gran Dogma de todos los creyentes. Así, me salvo de caer en el desahucio. Ojalá, Ñanderu Kuarahy, (Nuestro Padre Sol), siga transmitiendo sin pausa su energía vital, a todos los seres de la tierra. El Sol es una fuente cósmica de vida. Sus efluvios vencen los ríos de la muerte. Es un calor vital enviado por el Gran Padre para henchir nuestros corazones. Es fuego celestial, fecundador de todo lo que acaricia. Prodigioso disco de fuego que nos da su calor para cubritnos con generosidad, sin reclamar ni rezos ni macabros sacrificios. Creo que extiste una sola Fuerza creadora que regula la evolución de toda naturaleza, incluyendo al hombre. Se llame Dios, Voluntad Cósmica o Ñanderuguasu. (*)

 

 

(*) Fuente: Girala Yampei, "Cosmovisión Guaraní", en Las antiguas costumbres guaraníes, Cirruentes, ediciones de la Universidad Nacional del Nordeste, Argentina, 2003, pp. 19-27.