La herida de Kirón, por Esteban Ierardo

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 Kirón es el célebre centauro sabio. Maestro de Aquiles y Jasón, y gran médico. Kirón nace como ser excepcional por su aspecto híbrido o mounstruso. Frente a su diferencia o herida, Kirón responde de forma superada y creadora, y no reactiva o destructiva. En torno a esta cuestión central gira el texto que sigue a continuación, surgido de una entrevista para Revista La ventizca, 2009.

                                                                                                                           E.I

LA HERIDA DE KIRÓN (*)

                                                                                                   Por Esteban Ierardo

I

Kirón es el sabio centauro, un individuo excepcional dentro de su especie. Hijo de Saturno (Cronos) y de una hija del océano Neptuno, llamada Fílira. Es concebido a partir de una transformación de sus progenitores en la forma de caballo; lo cual explica su aspecto híbrido posterior, en parte humano, en parte caballo. Esta combinación explica un pliegue particularmente relevante del mito: el rechazo de Kirón por sus padres al descubrir su carácter excepcional y monstruoso. El impacto de esa experiencia de rechazo es lo que teje la herida de Kirón. La herida es el sentimiento de rechazo y exclusión. Kirón es un individuo único y excepcional. Pero su diferencia no es el acceso directo a una plenitud de sentido, sino la condena al dolor por un sentimiento de soledad, expulsión y angustia. La vida mítica de Kirón es estímulo, entonces, para pensar en torno a la vida que se inicia desde el desgarro o la herida.

Si el sujeto es marcado por un déficit que lo hace inferior y diferente a los otros, ¿qué actitudes puede ensayar el sujeto ante ese estado? Una posible actitud, que no es la de Kirón, es que frente a un sentimiento de inferioridad por la herida o la carencia, la reacción sea la incriminación de la vida. Es la reacción desde el resentimiento, que le arrebata valor a la vida plena por no ser partícipe de ella. Actitud que se entrelaza con la génesis psicológica del cristianismo sacerdotal, según Nietzsche.

Otra respuesta es la de Kirón. En Kirón, la diferencia o herida no se ensaña contra la vida que marca. Por el contrario, aprovecha esa diferencia para superar la primera carencia. La reacción de Kirón no es el desánimo o el odio. El encierro en el propio resentimiento. La respuesta saludable es cultivar la propia diferencia. Asumir la propia condición singular. Frotar la gema de un destino excepcional. Esta senda convierte a Kirón en individuo único dentro de la especie de los centauros.

En la Grecia Antigua, el centauro es manifestación inconsciente y simbólica de que el hombre civilizado no es liberación definitiva de lo instintivo. En la vida civilizada y urbana, en la polis, el sujeto es conciencia y razón, que supuestamente domina los instintos. Por lo tanto, el sujeto se piensa emancipado de la dimensión animal. El centauro es arriba hombre, y en su región inferior animal. Recuerdo de que aún en el sujeto civilizado lo animal e instintivo permanece por debajo, como rumor. Como fuerza subterránea. Como lo primario que siempre constituye la psiquis.

En su estado puro, el centauro es reflejo del predominio del animal sin reflexión, sin conciencia. Pero Kirón, el centauro diferente, es excepcional por la herida y la conciencia de la herida. Por la superación de la predisposición innata animal no reflexiva.

Y la conciencia de Kirón brilla por un saber intenso; por una sabiduría o saber más amplio que el del hombre civilizado. Esto también lo constituye como sujeto positivamente diferente. La sabiduría que Kirón cultiva más allá del peligro del resentimiento por la herida, tiene múltiples expresiones. Kirón es gran médico, gran sanador; y le enseña las artes de la medicina a Asclepio, hijo de Apolo, dios de la medicina (que se transforma después en el Esculapio en la versión latina). Y el saber de Kirón incluye la música, la caza, la medicina ya mencionada, y la moral. Esto lo convierte en pedagogo, en educador de grandes héroes de la tradición clásica. Es el maestro de Aquiles, Jasón, Heracles (o Hércules) y Orfeo.

Por lo tanto, la segunda respuesta frente al sentimiento de la exclusión por una herida que excluye y degrada es la afirmación de la vida a través de la autosuperación. La transformación de un sentimiento de exclusión en una nueva situación de pertenencia a un saber más alto.

 

 

II

Pero podemos pensar una tercera reacción. A partir de sentirse concientemente marcado y excluido de una vida más intensa, Kirón es clarividencia o intuición que percibe esa misma herida en otros. Por lo tanto, una tercera reacción (la segunda reacción específicamente de Kirón) es la de ser conciente de la herida que menoscaba a los otros. Desde este estado, es inevitable la competencia o acción médica: la busca de la curación del dolor ajeno. Curación de la otredad sufriente. Arte médico que en Kirón no es sólo medicina operativa, física. Es también medicina del alma, potencia regenerativa espiritual.

Regresemos al Kirón que supera su herida por la sabiduría. Una reelaboración artística de este acto del ser mítico se encuentra en la Medea, de Pasolini. En las primeras escenas aparece el centauro Kirón sosteniendo sobre su lomo de caballo a su discípulo, que en el caso de la obra de Eurípides (que inspira al artista italiano), es Jasón. Ante el niño Jasón el centauro sabio reflexiona: vivimos en un tiempo en el cual la concepción mítica de los ancestros empieza a desmoronarse. Surge la creencia de que la naturaleza es algo "natural". Cuando esto ocurre comienza la crisis o debilitamiento espiritual de una cultura de progenie mítica. La salud del mito comienza a quebrarse. Porque suponer que la naturaleza es "natural" es percibirla como una suerte de entidad mecánica, sin alma, entregada a la repetición de sus propios procesos. El opuesto de esa creencia de la naturaleza "natural" es la naturaleza sacralizada; es aquella que expresa el mito en su plena salud, donde el mundo natural es percibido siempre desde el asombro poético. Y desde una traducción de los fenómenos naturales en símbolos. Traducción simbólica que permite que el hombre encuentre en lo físico regiones más altas de su propio ser. La naturaleza como simbólica trascendente alimenta asimismo la percepción de una realidad universal imbuida de sentido y creatividad.

La sabiduría que imagina Pasolini en boca de Kirón es una demostración más de la respuesta positiva del centauro herido ante su herida. Su respuesta es proteger un saber más alto de la vida. No su negación resentida.

 

III

El núcleo de la herida de Kirón sea quizá llevarnos a reflexionar respecto a nuestra reacción personal frente a nuestra propia herida. Frente al sentimiento de dolor que tal vez sea una marca de todo individuo. Bajo condiciones diferentes, reales o imaginarias, tal vez todo hombre, en un momento esencial de su vida, se siente excluido. Se percibe expulsado de una vida mayor a la que cree que tuvo que haber estado predestinado.

Esas huellas pueden entreverse ya en el mundo primario del mito, los ritos y religiones. Los mitos suelen ser una forma de intuir y de expresar por símbolos ciertas determinaciones existenciales universales del hombre. El tema de la muerte, la reacción por los mitos escatológicos o de salvación, los mitos del más allá, los mitos de la vida de ultratumba, son un ejemplo de cómo el hombre en todas partes intuye o advierte que la muerte es una determinación existencial insalvable. Frente a esa determinación universal los mitos responden en general con grandes puntos de coincidencia.

Una segunda determinación universal es la intuición mítica y arcaica de la existencia del hombre en la exclusión de una realidad divina superior. Es decir, el hombre se constituye como sujeto a partir de sentirse separado ya de algo que no está bajo su control. Es la situación expresada en los mitos de pérdida del paraíso.

En la psicología del hombre arcaico, si la multitud de cultos, ritos o religiones es un intento de ser beneficiados por los dioses es porque se parte de la intuición previa de que hay una realidad superior al hombre, que el hombre no domina. Esa realidad puede ser benéfica. Pero también adversa. Por lo tanto, el sujeto se constituye como sujeto desde la conciencia de su separación o exilio de esa realidad divina, que sí es dueña de sí. Esta separación es en principio mengua o déficit, como la herida de Kirón. La ofrenda, el rito, la invocación al dios ya sería una forma de respuesta que intenta superar esa herida que surge de la intuición de la existencia del hombre que siempre se sabe hombre por el hecho de saberse frente a un universo que lo supera. Y que lo marca como sujeto finito. Y por eso la necesidad de re-ligarse con el otro orden, a partir de ser reintegrado en ese orden superior. Así, las distintas religiones y ritos son (o pretenden ser) caminos de curación de la herida. Herida por el sentimiento del exilio como determinación existencial de lo humano.

La herida de Kirón es entonces, quizá, continuación de un desgarro universal y primario en el hombre. Y, por lo tanto, también es la necesidad de su superación. El reto de alguna forma de curación creadora.

 

(*) Fuente: Esteban Ierardo, "La herida de Kirón", texto surgido de entrevista para Revista La ventizca, 2009.